El Grupo Eskaut Urbegi Bizia, de Santurtzi, lleva la Luz de la Paz de Belén al Hospital San Juan de Dios y recrea en un texto cómo sería el nacimiento de Jesús en plena pandemia
Al igual que en años anteriores, cualquier persona puede venir durante la Navidad a la capilla del hospital y prender su farolillo de la Luz de la Paz de Belén.
Ayer, 21 de diciembre, el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi acogió una vez más la llegada de la Luz de la Paz de Belén, que fue entregada por jóvenes del Grupo Eskaut Urbegi Bizia, de Santurtzi y que permanecerá en la capilla durante todas las fiestas de Navidad. Al igual que en años anteriores, cualquier persona puede venir durante la Navidad al Hospital y prender su propio farolillo de la Luz de la Paz de Belén, que se encuentra ubicada en la Capilla, y llevarlo a casa.
Los jóvenes que portaron la Luz fueron recibidos por Inés Becerra, responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) del Hospital. La acogida estuvo arropada por un número de personas que, siguiendo todas las normas de prevención ante la actual pandemia, quisieron participar de ese momento de encuentro, oración y esperanza. El lema de este año es “El resurgir de la Luz”.
Durante el encuentro, las jóvenes del Grupo Eskaut Urbegi Bizia leyeron un texto, elaborado por este grupo, recreando el nacimiento de Jesús de Nazaret en un contexto temporal actual y pandémico. El texto es el siguiente:
NACIMIENTO DE JESÚS HOY
Era una noche estrellada, pero fría, más fría que en los últimos años… Este invierno estaba siendo muy duro; el cambio climático se estaba empezando a notar y nadie estaba preparado para tanto.
A pesar de las restricciones, algún que otro viaje se podía hacer. Una pareja, esperando a un bebé, que llevaba dos años sin salir de vacaciones, se atrevió a salir a finales de diciembre. Metieron mascarillas y algo de ropa en una maleta y cogieron el autobús hasta una ciudad más pequeña que la suya. Querían tranquilidad.
Todo iba bien, hasta que en el Airbnb en el que se iban a quedar les dijeron que al final no iban a poder pasar la noche allí. Buscaron un hotel cerca que estaba lleno, aunque con el aforo al 50%. Tampoco fue una solución. Buscaron una pensión en la que pudiesen pasar la noche: sin PCR no podían entrar, el pasaporte covid no era suficiente.
En mitad de la noche, se les hizo muy tarde. Ella empezó a sentir alguna molestia y todas las sospechas apuntaban al parto del bebé que esperaban. Después de un susto, siguieron buscando. La maleta cada vez pesaba más y se les estaban acabando las opciones, la batería del teléfono y las ganas de seguir adelante. Entendían que siendo la situación tan complicada nadie les acogiese, pero empezaron a preguntarse hasta qué punto alguien no podía hacer el esfuerzo de darles algo de cobijo o, simplemente, alguna opción.
El cansancio y la desesperación les hicieron llamar a un timbre al azar. Creían estar en un barrio humilde, hasta donde Google Maps les guio. Tenían la esperanza de que alguien pudiese despertarse y abrirles la puerta con intención de dejarles dormir allí.
Así fue. Una familia encantadora les abrió la puerta y, después de escuchar su historia, sin ninguna duda les ofreció mantas y un humilde sofá dónde pudieron acomodarse. Había empezado a nevar hacía un rato y no sabían qué más hacer.
Después de tomar una infusión calentita y mientras les preparaban algo de cenar, la mujer empezó a sentir unas molestias más grandes que las anteriores. Una de la familia gritó «¡nacerá hoy!». Llamar a una ambulancia fue absurdo porque los quitanieves no habían empezado su turno y las ambulancias no podían ir por la carretera.
Al final, nació un bebé precioso en ese humilde hogar, rodeado de una familia maravillosa que les devolvió a esta pareja la esperanza de que la humanidad sigue siendo humana.
Sobre la Luz de la Paz de Belén
El proyecto es una iniciativa de scouts y Guías de Austria que, con la colaboración de otros compañeros de diferentes países de Europa y otros continentes, reparten la Luz de la Paz encendida cada año por un niño o niña austriaco en la cueva del Nacimiento de Jesús, en Belén.
La luz de esta vela es propagada desde Viena por todo el mundo gracias a estos grupos. Unas semanas antes de Navidad, se reparte desde allí la Luz a todas las delegaciones asistentes para que la hagan llegar a sus respectivos países con un mensaje de paz, amor y esperanza, como el propio Jesús predicó. Posteriormente, estos mismos grupos la distribuyen en las distintas zonas.




