Dos ilustres vizcaínos nacidos en Berango, los hermanos Pedro y Domingo de Aguirre y Basagoiti, tras una vida de intenso trabajo en América y triunfar en el ámbito empresarial, regresaron a Bilbao en busca de un merecido retiro. De un intenso espíritu filantrópico y enamorados de su tierra y del progreso de la misma, antes de su muerte, en 1907, encargaron a su sobrino, Pedro de Icaza y Aguirre, la actuación en tres sectores que en el País Vasco de aquella época, precisaban de un impulso: el sector primario, la economía y la salud. De ahí, con el fin de cumplir la voluntad de sus tíos, Pedro de Icaza y Aguirre decidió constituir tres fundaciones: la Fundación Agrícola Aguirre, la Fundación Vizcaína Aguirre y la Fundación Benéfica Aguirre.
Poco antes de la constitución de esta última, un hermano de San Juan de Dios que se había desplazado a Bizkaia para pedir limosna con el fin de atender a los niños que la Orden Hospitalaria cuidaba en otros centros, el reverendo padre Julio Piña, entró en contacto, providencialmente, con Pedro de Icaza y Aguirre. Inmediatamente, ambos encontraron un aliado para alcanzar un objetivo común, que no fue otro que el reflejado posteriormente en el objeto social de la Fundación Benéfica Aguirre: «contribuir al mejoramiento material y moral de los vizcaínos dolientes».
De este feliz encuentro, surgió la idea de realizar un Hogar y Clínica de San Juan de Dios en Bizkaia, para lo que se valoraron distintas ubicaciones, eligiéndose finalmente la más óptima, ubicada en Santurtzi.
Así, en 1915 se puso la primera piedra del edificio, cuyo diseño se encomendó a dos arquitectos vizcaínos, José María Basterra y Emiliano Amann. De manera paulatina, fueron llegando a las obras, que se iban finalizando de manera sucesiva, los primeros Hermanos de San Juan de Dios, en virtud del convenio celebrado entre la Fundación y la Orden en 1920.
Una vez acabadas las obras, el Hogar y Clínica de San Juan de Dios de Santurtzi se inauguró el 24 de octubre de 1924, con la presencia de las principales autoridades civiles y religiosas. De este modo, los Hermanos de San Juan de Dios quedaron encargados de la organización y funcionamiento de un Hogar para niños «pobres, lisiados y tullidos», así como una Clínica Quirúrgica y Ortopédica para la cirugía de este tipo de enfermedades y de un Taller Ortopédico complementario. La atención de los niños, enteramente gratuita por ir a costa del legado fundacional, comprendía, además de los cuidados médicos, la enseñanza escolar y la educación religiosa.
En un principio, fueron cincuenta las plazas internas establecidas. Los Hermanos de San Juan de Dios desempeñaban diversos cometidos con enorme eficacia debido a la gran experiencia de la Orden Hospitalaria en todo el complejo de servicios que eran necesarios.
En estos primeros años, los tratamientos médico-quirúrgicos como los planes de rehabilitación fisioterapéutica fueron dirigidos desde el principio por el prestigioso doctor Manuel Salaverri, ayudado de su equipo. También es destacable, por su labor profesional y vinculación al centro, la figura del doctor Bruno Alegría Corral.
Durante estas primeras décadas, ni siquiera en los años de asaltos e incendios de centros religiosos en otras zonas durante los años treinta del siglo XX, el Hogar y Clínica de San Juan de Dios vio alteradas significativamente sus normales labores.
La Guerra Civil afectó en varios aspectos al funcionamiento del Hogar y Clínica, aunque siguió viéndose libre de desmanes y violencias. El centro se convirtió en un Hospital de Sangre, llegando a instalarse, a tal fin, hasta 150 camas a disposición de ambos bandos contendientes, atendidos por personal de la Fundación y de la Orden. También sirvió el centro como lugar de asilo y refugio para ciudadanos y familias en busca de protección. Durante todo este periodo convulso, por supuesto, se siguió atendiendo a los niños.
Debido a la escasez existente en la posguerra, el Hogar y Clínica aprovechó todos sus terrenos, incluidos los campos de juego, para plantar legumbres y hortalizas y criar aves de corral con las que cubrir las necesidades. Desde otros centros de la Orden Hospitalaria en América, se recibió ayuda para cubrir las carencias.
El 24 de enero de 1942 falleció Pedro de Icaza y Aguirre, tras lo que se procedió a la constitución del Patronato de la Fundación Benéfica Aguirre.
Los efectos del fin de la II Guerra Mundial se dejaron notar de manera muy significativa. Tanto el Patronato como el Superior del Hogar y Clínica trabajaron afanosamente hasta que en los años cincuenta se consiguieron estabilizar los precios de los alimentos y artículos de primera necesidad y el abastecimiento de los mismos.
Se vivieron momentos realmente críticos debido a la devaluación de la moneda, en relación con el legado fundacional. A estas dificultades se respondió con más brío en el recurso a la postulación, que dio muy buenos resultados gracias a la simpatía de bilbaínos y vizcaínos por el centro de Santurtzi y por la excelente organización de este empeño por parte del Hno. Pablo de la Cruz Cañas.
La implantación social del Hogar y Clínica de San Juan de Dios llegó a ser tan profunda en su entorno que las fiestas y solemnidades eran siempre compartidas con autoridades y con la población. Se hizo célebre, por entonces, un monumental nacimiento navideño que era visitado masivamente, así como la visita de los Reyes Magos al centro, en la que los niños ingresados eran obsequiados y agasajados.
En noviembre de 1968, bajo la dirección del Patronato presidido por Pedro de Icaza y Gangoiti, se produjo una gran reconversión del centro: de Hogar y Clínica pasó a ser Clínica General, hoy, Hospital. La razón estribaba en el desarrollo registrado durante los años sesenta del siglo XX y, muy especialmente, en el avance sanitario e higiénico constatado en la sociedad, que había reducido en gran medida muchos de los problemas que, como la poliomielitis, habían ocupado los objetivos de la Fundación. Además, los ministerios de Trabajo y Previsión Social, a través del Seguro Obligatorio de Enfermedad, garantizaban la asistencia médico-quirúrgica en sus hospitales a las clases trabajadoras.
De este modo, se optó por el establecimiento de una Clínica General, sin ánimo de lucro, abierta a todos los médicos y cirujanos, y enfermos, en general, aunque siempre, conservando el espíritu fundacional de atender a niños lisiados y sin recursos, que todavía existían. El coste corrió por cuenta de la Fundación y las obras corrieron a cargo del arquitecto Juan de Amesti.
En esta época, para atender a las enfermas, se llamó a la colaboración a las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, que se incorporaron al centro el 30 de mayo de 1968, permaneciendo allí hasta 1996, dejando patente su buen hacer y trabajo infatigable.
Tras el traspaso de competencias en materia sanitaria a Euskadi y como consecuencia de la creación, por parte del departamento de Salud del Gobierno Vasco, de Osakidetza-Servicio Vasco de salud, se diseñó el Mapa Sanitario de la Comunidad Autónoma Vasca, en el que se incluyó a la entonces Clínica San Juan de Dios de Santurce como hospital comarcal para dar cobertura sanitaria a los municipios de Santurtzi, Portugalete y Zona Minera. A pesar de la firma de un contrato, el 12 de enero de 1990, cambios sobrevenidos en el departamento de Salud dejaron en suspenso la puesta en marcha de este proyecto.
Esto propició una profunda reflexión estratégica hasta que en el año 1999 se dio paso a un Plan de Inversiones que, durante los siguientes diez años aproximadamente, invertiría más de 25 millones de euros en actualizar las infraestructuras y equipamientos para proporcionar una atención sanitaria y sociosanitaria de vanguardia, adaptada a las necesidades actuales y futuras de la población de su área de influencia.
Hoy, el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi es un centro médico-quirúrgico sin ánimo de lucro. Realiza una variada actividad de consultas, diagnóstica, quirúrgica y de hospitalización, para la que dispone de los más modernos medios tecnológicos, profesionales y estructurales.
Ofrece una atención humanizada, cercana e integral desde el diagnóstico, tratamiento, cuidado y rehabilitación al paciente, tanto agudo como crónico, en fases avanzadas de su enfermedad y al final de la vida, tanto en régimen de hospitalización como a domicilio. Todo ello, con el fin de lograr su curación, aliviar su dolor y lograr su bienestar, y gracias a la implicación de un equipo humano integrado y responsable.
Presta servicios sanitarios, mayoritariamente, a la población de su área de influencia (Margen Izquierda, Margen Derecha, Zona Minera y Gran Bilbao) a través de los acuerdos con el departamento de Salud del Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Bizkaia, compañías aseguradoras y mutuas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales y, del mismo modo, al paciente privado.
El hospital pone a disposición de la ciudadanía más de 25 especialidades médicas y quirúrgicas, además de servicios como urgencias, laboratorio, imagen médica y fisioterapia. Siendo fiel a su tradición, cuenta con una altísima especialización en Cirugía Ortopédica y Traumatología, con unidades específicas de rodilla, cadera, pie y tobillo, columna, hombro, mano y muñeca, cirugía ortopédica y traumatología infantil y terapias biológicas. El área de Cirugía Ortopédica y Traumatología está dotada de los últimos avances tecnológicos como las más modernas técnicas de artroscopia, el sistema de cirugía robótica ROSA o el sistema de navegación de cadera Naviswiss. También cuenta con una plataforma digital para la gestión y seguimiento de pacientes quirúrgicos denominada MyMobility y en la que la enfermería juega un papel esencial. A lo anterior se une un destacado cuadro médico de especialistas en Rehabilitación y Medicina Física, que trabaja de manera conjunta con un equipo de 37 fisioterapeutas y la aplicación de técnicas innovadoras.
Otra área destacada es la de cuidados paliativos, puesta en marcha en el año 1993 con el liderazgo del doctor Jacinto Bátiz. Diez años después, en el año 2003, el Hospital puso en marcha los cuidados paliativos domiciliarios. El éxito y liderazgo de los profesionales de esta unidad, referencia en toda España, favoreció la confianza del departamento de Salud para abrir en el centro su Unidad de Cuidados Paliativos de las Organizaciones Sanitarias Integradas Ezkerraldea Enkarterri Cruces y Barakaldo-Sestao, que fue inaugurada por el lehendakari Iñigo Urkullu el 14 de diciembre de 2016.
El carácter solidario del hospital se ha diversificado y ampliado; hoy cuenta tanto con programas de sensibilización, como de obra social y cooperación internacional al desarrollo.
El Hospital da empleo de manera directa a 260 personas, de las que el 75% son mujeres. En el año 2023 se atendieron más de 102.000 consultas externas, 51.600 urgencias, 5.300 intervenciones quirúrgicas, 308.000 sesiones de rehabilitación y 27.000 estudios radiográficos. En la planta de hospitalización de Cuidados Paliativos fueron ingresadas 445 personas, mientras que el equipo de atención psicosocial ofreció soporte a 2.743 pacientes, 2.301 familiares y 1.443 personas en duelo. También sirvió de punto de reparto de más de 21.900 kg de alimentos a personas desfavorecidas.
