Acoger, ayudar y acompañar a quien sufre es el fundamento de los cuidados paliativos. El tratamiento del sufrimiento es una prioridad en el cuidado de todos los enfermos. Tiene sus raíces en los mismos orígenes de la profesión médica. Cuidar fue antes que curar.
«Velad conmigo» fueron las palabras de Jesús en el Huerto de Getsemaní que inspiraron hace tiempo a Cicely Saunders y siguen siendo una fuente de inspiración para los que cuidamos el proceso de morir de las personas.
Los cuidados paliativos tienen que ver con la medicina del cuidado y del acompañamiento. La medicina paliativa trata de cómo hacerse cargo de las personas cuando padecen una enfermedad avanzada, incurable y en fase terminal. Los cuidados paliativos cuidan la vida de las personas. Estos cuidados no tienen como objetivo la muerte, sino que cuidan la vida mientras ésta llega a su tiempo, evitando el sufrimiento.
Leyendo el documento Sembradores de esperanza acogiendo y acompañando a quien sufre, publicado por la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida el 1 de noviembre de 2019, encontraremos algunas reflexiones que serán de gran ayuda para acompañar al final de la vida de las personas: «cuando alguien se encuentra decaído por la enfermedad, sin una conversación interesante, solo con quejas continuas, tendemos a disminuir las relaciones con él. Puede haber aquí también una huida, más o menos inconsciente, de las situaciones de sufrimiento». «Por ello es necesario contrarrestar esta tendencia con una auténtica solidaridad con el que sufre, mediante la cultura del encuentro y del vínculo, en actitud de servicio, de verdadera compasión y de promoción humana».
Hemos de tener en cuenta que la persona que sufre no solo sufre por causas físicas, sino también por causas emocionales, sociales y espirituales. Es por ello que debemos abordar el sufrimiento de la persona de una manera integral. Porque es importante saber que la mayor parte con otros temas emocionales, sociales y espirituales y con su propia incapacidad para resolver los interrogantes más profundos de la vida. La espiritualidad es también otro universal humano y negar en la práctica nuestra naturaleza espiritual para el trabajo clínico, se convierte en un claro factor de deshumanización de nuestra atención. Nuestro acompañamiento espiritual es ayudar a la persona a despertar o a sacar a la luz el anhelo, la búsqueda interior que toda persona puede tener. Este aspecto espiritual quizás sea la parte más desconocida de la medicina, pero es la que los pacientes demandan más en sus últimos días.
¿Cuáles son las necesidades espirituales del paciente al final de su vida? La necesidad de ser reconocido como persona. La necesidad de releer su vida. La necesidad de encontrar sentido a su existencia y su devenir. La necesidad de liberarse de la culpabilidad. La necesidad de perdonarse. La necesidad de reconciliación. La necesidad de sentirse perdonado. La necesidad de depositar su vida en algo más allá de sí mismo. La necesidad de una continuidad. La necesidad de auténtica esperanza, no de ilusiones falsas. La necesidad de expresar sentimientos y vivencias religiosos. Tengamos en cuenta que la persona enferma soporta mal una dicotomía entre su cuerpo, objeto de cuidados de un equipo médico, su personalidad confiada al psicólogo y, finalmente, su ser espiritual que se entregaría, in extremis, al capellán del hospital. Acompañar en el final de la vida desde la espiritualidad es ayudar a hacer la mochila con las cosas adecuadas, con lo que importa, con lo que ellos necesitan, de forma que mientras estén aquí puedan encontrar todo lo necesario para la reconciliación, la realización, darle un sentido a su existencia, mientras atraviesan esta parte final de sus vidas.
El grado de responsabilidad de una sociedad se mide por su compromiso con los cuidados a quienes son frágiles, dependientes, vulnerables, marginados, sufrientes… Pero, además de aliviar su sufrimiento con nuestro acompañamiento y nuestros cuidados, debemos preservar su dignidad como persona. Para ello debemos hacerlo con nuestra actitud, nuestro comportamiento, nuestra compasión y nuestro diálogo.
¿Cómo debe ser nuestro acompañamiento espiritual a quienes desean adelantar su muerte? El que pide adelantar su muerte en realidad quiere otra cosa. Cuando la persona enferma nos dice «acabemos con esto», ¿a qué se refiere? ¿Desea acabar con su vida? ¿Desea acabar con ese dolor insoportable? ¿O con su angustia o su soledad? El enfermo no quiere sufrir. Detrás de la petición «quiero morir», hay un trasfondo que significa «quiero vivir o morir de otra manera».
Si quien sufre no recibe los cuidados adecuados para aliviar su sufrimiento, suele ver en la muerte su solución y por ello solicita que le ayuden a adelantarla. Ayudar a adelantar la muerte a quien sufre no es hacerse cargo del sufriente, sino eliminar su vida para eliminar su sufrimiento. Aunque quien nos solicite acompañamiento espiritual desee adelantar su muerte y dicho deseo vaya en contra de nuestra creencia, también se merece que estemos junto a él en el trance difícil del final de su vida.
En ningún caso nuestro acompañamiento tiene como objetivo hacerle cambiar de opinión. Hemos de respetar la individualidad y no hemos de juzgar las decisiones de nuestros enfermos, aunque sean contrarias a las nuestras. Tampoco lo debemos abandonar si él desea que continuemos acompañándole. Pero sí debiéramos retirarnos cuando se vaya a llevar a cabo el acto eutanásico. No sería admisible por parte de quienes asisten espiritualmente a estos enfermos ningún gesto exterior que pueda ser interpretado como una aprobación de la acción eutanásica, como por ejemplo estar presentes en el instante de su realización. Esta presencia solo puede interpretarse como complicidad.
Lecturas recomendadas:
- Sembradores de esperanza. Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.
- Samaritanus bonus (Carta sobre el cuidado de la persona en las fases críticas y terminales de la vida). Congregación para la Doctrina de la Fe.
- Dignitas infinita (Declaración sobre la dignidad humana). Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
- Velad conmigo. Dra. Cicely Saunders. Fundación Pía Aguirreche.
Dr. Jacinto Bátiz
Director del Instituto para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurtzi
